Artículo publicado en la revista Aarti, Octubre 2017/

 

Teatro es sentarse delante de un espejo y ver lo más bello y lo más oscuro que hay en ti 

por Nuri Zubiri de Crecimiento Teatral

 

Teatro es un viaje que camina en doble sentido, cuánto más lejos quieres ir, más adentro vas. Más te ves.

Para poder encarnar otros seres, primero tienes que saber quien eres y donde estás en el momento presente. El GPS lo tiene muy claro, cuando quieres saber cómo llegar a un sitio, lo primero que te dice es “Para continuar, permite que el dispositivo active la ubicación actual” (bendito GPS, usa la palabra clave: “permite”). Para trazar la ruta hacia otro lugar primero tienes que saber cuál es tu punto de partida, obvio. 

Empieza el trabajo de la Escucha. Pero no la escucha de la mente que se cree que ya sabe donde está, sino la escucha del cuerpo, del sentir y de las emociones. Empieza el trabajo de permitir, de dejar ser lo que sea. Poniéndole poca palabra y nada de juicio, simplemente dejando que el cuerpo exprese lo que siente y lo que necesita. La mente sólo observa, no opina. Y en ese permitir empieza a manifestarse todo: lo bello y lo oscuro. 

 

Por oscuro no me refiero a feo, sino a oculto, lo que escondes. Aquello que te avergüenza de ti. Aquello que con tal que no se note has creado toda una estrategia para taparlo, incluso para que parezca todo lo contrario. Puede que te esfuerces en ocultar tu torpeza, tu inutilidad, tu estupidez, tu cobardía, tu vulnerabilidad, tu sensibilidad o incluso puede que tu esfuerces en tapar tu brillantez. La primera buena noticia, es que en realidad ya todo el mundo se dio cuenta hace tiempo que eres torpe, inútil, estúpido, cobarde, vulnerable, sensible y brillante. Puedes descansar. La segunda buena noticia es que cuando te permites ser eso que tanto escondías, cuando alumbras lo oscuro, sucede la belleza.

 

Cuando digo bello, no me refiero solo a bonito, sino a auténtico, a verdadero. 

Porque si tu te quitas los ropajes y me muestras tus dones y tus dificultades, yo veo también los míos. Ese es el terreno fértil para que florezcan el amor y la aceptación. Entonces no hay nada más bello que lo auténtico. 

 

El teatro en el que creemos en CT, es el que llega al alma, el que transmite y tiene poder para transformar, es el teatro que enamora, el que te engancha desde la tripa, es el teatro de lo auténtico.

 

Crecimiento Teatral es un método que ayuda a las personas a hacer este viaje hacia su autentitcidad. Ha sido diseñado usando las virtudes de varias disciplinas como: tantra, constelaciones familiares, coaching, movimiento auténtico, y por supuesto mucho teatro. Si quieres saber más sobre nuestra técnica puedes entrar en: www.crecimientoteatral.com ¡Abrimos formación en Ibiza!

Artículo publicado en la revista Aarti, Septiembre 2017/

 

El efecto Barbie… esa muñeca que viene en una caja, amarrada con alambres de manos, pies y cabeza, vestida y maquillada adecuadamente para la ocasión, guapa y siempre sonriente. El efecto Barbie sería una buena metáfora de cómo la sociedad, la educación, la familia, nos va moldeando desde que nacemos, (incluso desde antes) para que encajemos en un “modelo-ideal-de-ser-humano”. No importa nuestra procedencia, edad, sexo, ni si hemos tenido unos padres muy hippies o fuimos a un colegio de monjas, todos adoptamos un patrón de comportamiento que se nos queda pegado entre la piel y la entraña. Al igual que Barbie, podemos elegir entre un montón de estupendos patrones diferentes (todos los ejemplos valen también para hombres, por supuesto): Barbie guerrera; la más fuerte, roca indestructible, ser sin ley… o Barbie corazón; soñadora, romántica, esperando a su príncipe… o Barbie buena amiga; tierna, leal, la que dice amén a cualquier plan ajeno con mirada cálida… o Barbie ejecutiva; perfecta, eficiente, exitosa, adicta al trabajo… o Barbie fiesta; alegre, divertida, lujuriosa, desmesurada… o un largo etcétera de posibilidades y combinaciones. Eso sí, siempre con su traje acorde y dentro de la caja. 

A muy temprana edad vamos adquiriendo nuestro patroncito, el que nuestras circunstancias y nuestras cualidades innatas identifican cómo el más adecuado para sobrevivir. Yo me identifiqué con Barbie corazón.

Por suerte existe algo mucho más inmenso e incontrolable, algo que no cabe en la fábrica de montaje, algo que por más hechizos, conjuros y fórmulas que se hayan elaborado para desterrarla de nuestro ser, sigue allí, invicta, indómita, y paciente… el Alma. Está esperando, sin prisa, cualquier raspadura que se produzca a la cajita para aparecer y recordarnos que fuera hay mucho más, que es tan cierto que somos Barbie corazón cómo que no lo somos. Que como seres humanos venimos al mundo con el kit completo: alegres, tristes, rabiosos, miedosos, salvajes, crueles, bondadosos, amorosos, gentiles, cobardes, astutos… que tenemos la capacidad de ser todo, que ya somos todo, solo que tuvimos que meternos en la cajita disfrazados de… y reprimir todas las demás posibilidades. Al punto de llegarnos a creer que somos eso. Pero puede que llegue un día en que el alambre del cuello nos empiece a ahogar, y ya no podemos más con las ataduras de las manos y los pies. El traje de corazones ya no nos gusta, no nos sirve el viejo patrón o por lo menos nos limita la vida y nos produce una interna insatisfacción. Entonces viene la pregunta precedente al caos ¿Si soy algo más que Barbie corazón quién soy? Y que bueno si algún día dejamos la adicción a la anestesia y nos hacemos esta pregunta porque entonces ya ha empezado nuestro peregrinaje.

 

Y sí, ahora empezaré a hablar de teatro para hacer honor al título. Porqué quiero compartiros la herramienta que a mi me ha permitido hacer ese peregrinaje de una forma más ligera, rápida y nutritiva. El teatro puede ser usado como una herramienta fabulosa de liberación, y autoconocimiento. Y así es cómo lo trabajamos en las formaciones de Crecimiento Teatral.

 

Meterse en la piel de cualquier personaje implica ser libre. Cuando uno empieza a hacer teatro se da cuenta muy rápidamente de sus creencias limitantes. Simplemente hay personajes que encarnamos con mucha comodidad, otros que nos cuestan, otros que nos aterran. Es la fase de Autoconocimiento. Si llevo enfundada la falda de tul blanco con corazoncitos rojos que me llega hasta los pies, posiblemente, tendré dificultades en interpretar el personaje de la guerrera porque me voy a andar pisando la falda. Empiezo a darme cuenta de todos esos estados que no me permito transitar en la vida. Tal vez no me permito ser grosero/a, o tierno/a, o soy incapaz de conectar con la tristeza o me cuesta amar o no me permito ser sexy, etc… Todo dependerá del traje que llevo enfundado. Entonces uno empieza a verse a si mismo en perspectiva, y duele ver los alambres, el traje y la sonrisa pintada… y a la vez asusta quitarse ese traje, porque me quedo, literalmente, desnudo. Esa caja es asfixiante pero me da seguridad. Entramos en la fase de Vulnerabilidad y a la vez la fase más creativa y productiva. El teatro permite empezar a dar vida y encarnar lo que reprimo de una forma protegida, tal vez al inicio de una forma más torpe, pero poco a poco vamos cogiendo destreza en eso de ser nosotros mismos. Vamos acercándonos cada vez más a nuestra esencia. Entramos en la fase de la Libertad, de la celebración, de la gratitud, del amor hacia la vida y hacia uno mismo. Nos sentimos más capaces, más completos, más libres, más fieles a nosotros mismos, más brillantes, tanto en el escenario como en la vida.

 

Crecimiento Teatral es un método que ayuda a las personas a hacer este peregrinaje de una forma acompañada. Ha sido diseñado usando las virtudes de varias disciplinas como:  tantra, constelaciones familiares, coaching, movimiento auténtico, y por supuesto mucho teatro. Si quieres saber más sobre nuestra técnica puedes entrar en: www.crecimientoteatral.com ¡Abrimos formación en Ibiza!

 

 

Una persona libre de creencias limitantes es un terreno fértil para un personaje más vivo y una vida más plena.

Gracias Barbie corazón, ya no te necesito.

Artículo publicado en la revista Aarti, Agosto 2015/

 

¿Cuál es tu misión en esta vida? ¿Qué necesita tu alma?

No siempre es fácil responder a estas preguntas porque a menudo estamos más conectados con nuestro “personaje” que con nuestra esencia.

Un bebé cuando nace es un ser absolutamente indefenso, y dependiente. Si no hay alguien que le cuide, muere. El vínculo afectivo con la madre, padre, o persona cuidadora, garantiza que esa personita sea atendida. Por lo tanto, “si mamá y papá me quieren no moriré”. Con esa premisa inconsciente, el niño crece adaptándose a las necesidades y deseos de las personas cuidadoras, incluso pasando por encima sus propias necesidades. Por ejemplo, un niño puede aprender a reprimir su rabia (que la tiene y es genuina y necesaria) porque cuando se enfada su madre le desaprueba. Lo más probable es que esta persona una vez llegada a la edad adulta siga teniendo mucha dificultad en expresar su ira, llegando incluso a poner buena cara ante una situación que le enerva. A nivel interno tiene gravado “si muestro mi enfado, me dejan de querer, y si no me quieren, muero” de manera que ante la posibilidad de alzar la voz, aparece el miedo y se bloquea. Cuando lo repasa a nivel racional, sabe que no va a morir por expresar su enojo, pero el cuerpo reacciona más allá de lo racional, reacciona ante lo aprendido y repetido a lo largo de toda la vida.
Lo mismo puede sucedernos con aquello que se nos alabó. Por ejemplo, en casa se alababa sobremanera que fuera una niño o una niña que hacía reír a todo el mundo. Es posible que esta persona una vez adulta siga cargando con el peso de divertir a los que le rodean, de lo contrario, “me dejarán de querer”.
Todo aquello que se nos premió o censuró, hizo que nos fuéramos construyendo un personaje del que somos esclavos, y que a menudo no diferenciamos de nuestro ser. Por suerte, en el fondo, siempre hay una vocecita que nos alerta cuando nos estamos traicionando a nosotros mismos. Me avisa de qué algo va mal, cuando estoy callándome la rabia que tanto necesito expresar, o cuando estoy haciendo el pallasete por compulsión pero sin ganas.

En el momento que conseguimos diferenciar lo que me pide mi personaje, de lo que necesita mi alma, y respeto y atiendo a mi alma, entonces entramos en contacto con nuestra esencia. Estamos en paz con nosotros mismos, y lo que surge de allí es expansivo, luminoso, es nuestro máximo potencial, brillamos con toda nuestra luz sin esfuerzo. Sabemos cual es nuestro camino y simplemente todo fluye de forma fácil y armónica.

Mi misión en esta vida es acompañar a las personas a caminar hacia su esencia, mientras yo camino hacia la mía. De esa llamada nacen los talleres de Crecimiento Teatral.

 

Nuri Zubiri